Reflexiones sobre el desarrollo, la solidaridad, la participación y la subsidiariedad

Autor: Pablo Martínez de Anguita

Existe una percepción ampliamente extendida de que la promoción del desarrollo es una cuestión principalmente de recursos. Esto lleva a pensar que los objetivos del desarrollo podrían lograrse simplemente a partir de la mera inyección de más recursos. Es cierto que se tienen en cuenta otros aspectos como la creación de capacidades productivas y empleo, el diseño de políticas, la equitativa y sostenible gestión de los recursos naturales o la construcción de una gobernanza democrática pero la cuestión de los recursos acapara mucha de la atención.

Permítanme aquí entrar en lo que mis consideraciones más personales y por tanto en una parte más filosófica, sin que por supuesto estas reflexiones agoten la pregunta: ¿Cómo surge el desarrollo?

He utilizado a propósito la palabra “surgir”. Esta es la primera cuestión que debemos plantearnos. ¿El desarrollo, entendido como un crecimiento de posibilidades, capacidades y dignidad humana “surge”? Yo creo que sí, que el desarrollo surge o es consecuencia de “un sujeto consciente”, un yo que no es solamente un «terminal» al que transferir recursos, sino que tiene capacidades para reaccionar de forma adecuada a las oportunidades que surgen.

El desarrollo surge  cuando una persona es capaz de redescubrir el deseo de mejorar su propia condición.

El desarrollo surge  cuando además de dar recursos,  una persona  es capaz de redescubrir el deseo de construir, de mejorar su propia condición y de educar aquellas potencialidades y capacidades que hacen de cada uno un actor en el proceso de desarrollo. De ahí que si lo que buscamos es llegar a articular los grandes ideales de la cooperación al desarrollo (la libertad, equidad, solidaridad, tolerancia, respeto por la naturaleza y responsabilidades compartidas) debamos ante todo comprender que sólo una relación entre personas, movida por ideales que respeten todas las dimensiones humanas, que lancen un reto a la responsabilidad (con el consiguiente riesgo del compromiso), pueden ayudar al crecimiento de sujetos protagonistas y responsables de su desarrollo[i].

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[i] Vitaddini, G. 2011. Prólogo del libro: “En la raíz del desarrollo: la importancia del factor humano” de G. Berloffa, G.Folloni. I.Schnyder v.W. – Ediciones Encuentro, Madrid 2011.

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