Pasos hacia la gestión ambiental en Argentina

Autor: Luis Sánchez Torrente

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Poner precio a la naturaleza no siempre ha sido una idea atractiva, al menos en un principio, entre aquellos que guardan una cierta conciencia ambiental. La sospecha de intereses económicos encubiertos o el supuesto carácter inestimable de la Madre Naturaleza han sido argumentos comunes, y no totalmente erróneos, ejercidos frente a cualquier intento de convertir la naturaleza en otro tipo de verdor (digamos una versión papel más avara). Sin embargo, numerosos políticos, activistas y profesionales de las ciencias ambientales han llegado a entender que la traducción de activos ambientales (como a los economistas les gusta llamarlos) en dinero, de ninguna manera ha de entenderse como una estrategia para exprimir dólares de la naturaleza, sino una forma de protegerla ante posibles amenazas. En este sentido, convertir su jardín o su charca favorita de la sierra en términos económicos, no diferiría demasiado de abogar por su importancia en términos de salud, bienestar y belleza estética. Pensemos, por ejemplo, en una planta industrial cuya actividad implica vertidos contaminantes a un río. Podemos estar seguros de que la empresa que gestiona la planta sabe perfectamente cuáles son los beneficios de su actividad y los costes que implicaría la adopción de una tecnología más limpia, pero ¿conocemos los costes asumidos por la sociedad y  los ecosistemas por tener un ambiente contaminado? ¿Cómo pueden los tomadores de decisiones diseñar un mecanismo óptimo que permita resolver esta situación sin un cuadro completo de costes y beneficios, tanto para la empresa como para la sociedad? Esto es precisamente lo que en economía ambiental se denomina el problema de internalización de externalidades ambientales.

¿Conocemos los costes asumidos por la sociedad y  los ecosistemas por tener un ambiente contaminado?

Demás está decir que ésta podría llegar a ser una tarea inmensamente difícil, especialmente cuando pensamos en los numerosos costes, efectos transversales y muchas otras complejidades que subyacen en cualquier proceso de degradación de los ecosistemas o del medio ambiente.  No obstante, la ciencia económica ha intentado durante décadas ofrecer metodologías y herramientas analíticas que permitan capturar, tanto los beneficios de servicios ofrecidos por la naturaleza, como los posibles costes de su degradación. La mayor parte de estos métodos están basados en la idea de que la noción de “precio” difiere en gran medida de la de “valor”, y que conceptos que tradicionalmente hemos considerado como ajenos al alcance de la economía, pueden en realidad ser captados e introducidos en razonamientos económicos. ¿Cuál es el valor (¡no el precio!) de un bello paisaje o de un excepcional micro-ecosistema tropical?

De hecho, todas estas preguntas han sido ya abordadas por la ciencia económica, resultando en una (no muy extendida) tradición de estudios y metodologías, las cuales han sido comúnmente ejecutadas desde el sector académico.  Muchos de estos estudios son encargados con frecuencia por instituciones públicas y privadas que persiguen algún tipo de interés público, conservacionista o de inversión, pero muy raramente los vemos ejecutados directamente por las propias instituciones. La aparente complejidad de las metodologías ha hecho que estos estudios se conviertan en el ejemplo paradigmático de trabajos externalizados ad hoc. Sin embargo, en Argentina, la clásica brecha entre academia e instituciones está a punto de de pasar a la historia gracias a una reciente iniciativa de la Unión Europea.

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En el marco del Proyecto de Mejora de las Economías Regionales y Desarrollo Local, cuya Asistencia Técnica está siendo implementada por Eptisa en consorcio con AENOR, ATECAR y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), el Instituto Nacional de Tecnologías Industrial (INTI) ha estado recientemente involucrado en una actividad de desarrollo de capacidades para la adopción de este tipo de técnicas en la formulación de sus proyectos. El INTI es una institución pública cuyo objetivo es promover la competitividad del sector industrial argentino a través de la adopción de innovaciones tecnológicas y la optimización de procesos de producción. Dentro de su organización, el Departamento Ambiental busca la incorporación de la gestión ambiental y del desarrollo sostenible en el sistema productivo nacional, y con esta nueva iniciativa podemos afirmar sin ningún tipo de dudas que el INTI ha dado dos pasos de gigante hacia una gestión ambiental efectiva: primeramente, entendiendo la importancia de la valoración económica, y en segundo lugar, avanzando hacia una internalización del conocimiento y habilidades para llevar a cabo el análisis desde la propia organización. En un curso de introducción de cinco días, el equipo técnico y de gestión del INTI, así como algunos miembros de su red de colaboradores, han tenido la posibilidad de acercarse a algunas de las técnicas más consolidadas en materia de valoración económica de externalidades ambientales. Enfoques como la “valoración contingente”, una metodología basada en  encuestas que captura la disponibilidad del público general a pagar por la calidad ambiental, o los “precios hedónicos”, una metodología que permite extraer información sobre el valor de la calidad ambiental a partir del mercado inmobiliario, son ahora herramientas de las que dispone el INTI para la formulación de sus proyectos. Si se diera el caso de un éxito rotundo en la tarea de atraer a la industria contaminante hacia opciones tecnológicas más limpias, podemos estar seguros de que los esfuerzos de los economistas por aportar enfoques tan originales han merecido la pena. Un verdadero hito en estos tiempos.

 

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