Pocos días después del Día Internacional de los Bosques, es interesante reflexionar sobre modalidades de gestión que permitan garantizar la preservación de estos ecosistemas, optimizando sus recursos.

Autor: Pablo Martínez de Anguita

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La mayor parte de los bosques del planeta, y su biodiversidad asociada, desaparecen por un problema de coste de oportunidad. El concepto de coste de oportunidad también está relacionado con el nivel de cumplimiento legal que estamos dispuestos a “tolerar”. Cuando tenemos mucho que perder por incumplir la ley, estamos vigilantes. Y al revés. Imaginemos un campesino pobre en Nicaragua que sólo puede alimentar a su familia cortando un árbol protegido. Su coste de oportunidad es ir a la cárcel frente a alimentar a los suyos. ¿Qué hará?  Si nuestras necesidades están cubiertas, podemos apoyarnos en la estricta observancia de la ley. Esto sucede así especialmente en países desarrollados, por ejemplo, los nórdicos. No siempre es que seamos más “civilizados”, es que tenemos más que perder. Así mismo, hay empresas que tienden a ser cuidadosas con las normativas en Europa mientras que otras deforestan o compran trozas de madera ilegales en el Amazonas o el sudeste asiático. Los agricultores europeos cumplen requisitos, mientras que los campesinos pobres en Centroamérica cultivan en las márgenes de los ríos aun estando prohibido. Es una cuestión, desde una perspectiva económica de coste de oportunidad. La destrucción así de hábitats la generan ricos y pobres, cada uno en su ámbito y a muy distinta escala, pero lo que tienen en común es el coste de oportunidad. Si desaparee la biodiversidad es porque en esos casos, tanto unos agentes como otros pierden más si cuidan o se atienen a la legalidad.

La agricultura rinde más por hectárea que la selvicultura, y la selvicultura suele dar (cuando da) algo más de dinero que el abandono del bosque. Encontrar rentabilidad a una masa forestal es en general una garantía de conservación. En esto consiste gestionar de modo sostenible.

Encontrar rentabilidad a una masa forestal es una garantía de conservación.

En Europa, y en España, y en realidad, en casi todo el planeta, excluido África y algunos países asiáticos, donde las tierras forestales pertenecen mayoritariamente al Estado, la diversidad se apoya en la propiedad privada, en los propietarios forestales. La estrategia más eficiente para lograr mantener la biodiversidad, el capital natural del planeta debería  pasar por lo tanto por el cuidado de los “cuidadores”. ¡Qué enfermo sanará si su enfermero no está a gusto atendiéndole, si tiene cosas más esenciales que hacer al mismo tiempo y a la misma hora!

Por ello, para conservar nuestros bosques es necesario gestionarlos, y salvo en casos de uso público con un gasto público a fondo perdido, es imprescindible la obtención de un rendimiento económico, ya sea a través de los productos o de los servicios ambientales. Hoy en día, los productos que se obtienen del monte no están lo suficientemente valorizados por los mercados, lo que provoca su abandono, y los pone en peligro allí donde existe cualquier tipo de presión antrópica adicional.  Reconocer los servicios ambientales de los montes es una vía cada vez más necesaria. En el video publicado a continuación, Patricia Gomez Agrela, gerente de COSE,  y Nacho Morando, propietario forestal, explican de un modo claro y brillante como es necesario poner en valor los bienes y servicios ambientales, y la importancia de la Gestión y Conservación Forestal para ello.

https://www.youtube.com/watch?v=raxyy7-xivA&feature=youtu.be

Por supuesto se sobreentiende que se habla de una gestión racional, mesurada, que no compromete la estabilidad de los ecosistemas. Este blog entiende que los bosques y los parajes naturales son bienes públicos y, por tanto, se trata de recursos que hay que preservar. Pero en muchas ocasiones son de propiedad privada. ¿Cómo evitar en cualquier caso el riesgo de sobre explotación? Sin duda, la gestión pública o ciertas modalidades de propiedad privada de participación colectiva o comunitaria (como por ejemplo las cooperativas) aportan más garantías de preservación de los entornos. Alternativamente, una regulación sólida en contextos de estados de derecho consolidados con mecanismos potentes de inspección para evitar abusos, podría ser viable. La tesis de este artículo aboga por una gestión de los recursos que coadyuve a valorizar los entornos fortaleciendo su conservación. Para ello no todas las modalidades de gestión conllevan ni los mismos resultados ni los mismos riesgos. Para cada contexto habrá que analizar cuales aseguran mejor la preservación de estos entornos como bienes públicos.

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