Un informe publicado por la organización ShareAction permite plantear una reflexión sobre el papel de los inversores en la consecución los Objetivos de Desarrollo Sostenibles.

Autor: Jem Bendell [i]

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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas son ambiciosos. Y lo son deliberadamente. Encabezados por el objetivo de acabar con la pobreza extrema de aquí a 2030, los 17 “Objetivos Globales” representan fundamentalmente una carta internacional para la sostenibilidad.

Por lo tanto, es con cierta validez que la organización sin ánimo de lucro ShareAction ha tenido la sensatez de sondear las opiniones de inversores internacionales cuyo capital y conocimiento de mercados serán sin duda indispensables para asegurar el cumplimiento de los Objetivos Globales.

Los resultados han sido publicados en un informe titulado Transforming Our World Through Investment (“Transformando nuestro mundo a través de la inversión”). Las respuestas – de 52 inversores  con casi 6 Trillones de Dólares en cartera– se pueden interpretar de dos maneras por parte de los gobiernos y agencias de desarrollo para los que los Objetivos Globales son una hoja de ruta sin salida.

Aparentemente, son buenas noticias: 65% de los entrevistados están de acuerdo con que actuar para los objetivos “está en línea con sus deberes fiduciarios” mientras un 75% está convencido de que actuar para apoyar los Objetivos Globales aportará beneficios de reputación a sus organizaciones. Y ante todo, más de la mitad de los encuestados ha identificado que trabajar para conseguir los 17 Objetivos tiene un potencial alto o medio para ayudar a que las organizaciones cumplan con sus objetivos de inversión. Además, tres cuartos de los entrevistados ha comentado que ya estaban tomando acciones en tres o más de los objetivos.

Así pues, ¿están los inversores lo suficiente implicados para ayudar a cumplir los objetivos? No exactamente. Sólo un 16% de los inversores institucionales entrevistados han confirmado que harán ‘todo lo posible’ para conocer la opinión de sus clientes sobre los Objetivos Globales. mientras que un 89% de los encuestados estaban dispuestos a informar a sus clientes de sus impactos sobre los objetivos, sólo un 21% han confirmado que efectivamente lo harían.

Mientras que ShareActionapunta, y no sin razón, una pila de recomendaciones para forjar una mejor implicación y presentar informes en relación con los Objetivos Globales, el sondeo revela también una realidad más profunda. Y es que, los inversores institucionales – como los gerentes de activos – parecen no tener ninguna presión por parte de sus inversores para tomar decisiones de inversiones basadas en las ambiciosas exigencias de los ODS.

Esto no debería llevarnos a sorpresas. Los países en desarrollo no están precisamente nadando en fuentes de capital privado doméstico o internacional. Si un banco rural evita dar préstamos a emprendedores locales, ¿cuál puede ser la perspectiva de un gerente de activos sentado frente a su doble pantalla en Londres?

Los ODS pueden ser más holísticos e integrales que sus predecesores – los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) – pero cabe recordar que los pueblos podrán escapar de la pobreza extrema sólo si se comparte con ellos los beneficios de un crecimiento económico sostenido. Más de 700 millones de personas escaparon de la extrema pobreza en los 15 años de los ODM, y China – que ha demostrado poco interés en los Objetivos – ha representado tres cuartos de esta cifra.

No habrá tal estímulo para los nuevos Objetivos Globales, los cuales ponen de manifiesto la urgente necesidad para la comunidad internacional de dar pasos tangibles con el fin de atraer inversiones en los países más pobres del mundo. A fin de cuentas, los Objetivos Globales no fueron desarrollados con o para los inversores. Así pues,  mientras el sondeo sugiere que los inversores internacionales están pre-dispuestos a apoyar los Objetivos Globales, estos no se desviarán del simple principio de riesgo y recompensa a la hora de colocar los fondos de sus clientes.

Es legítimo preguntarse si la multitud de estándares internacionales para inversiones responsables se traducirán en el tan necesitado capital que alcance a los países menos desarrollados.

Bajo este prisma, es legítimo preguntarse si la multitud de estándares internacionales para inversiones responsables se traducirán en el tan necesitado capital que alcance a los países menos desarrollados. A modo de ejemplo, las instituciones financieras deberán manejar el UNPRI (Programa de Principios para Inversiones Responsables de las Naciones Unidas), el Carbon Disclosure Project y los Equator Principles, por nombrar algunos de ellos. Al margen de las finanzas, los negocios cumplen tanto con numerosos ISO como con estándares específicos del sector.

No es por defender el hecho de que se eviten estos estándares sino más bien para señalar que investir en países menos desarrollos puede ser un negocio arriesgado y costoso. Es así como resultará atractivo para un cuadro de inversores especializados,  y no tanto a inversores institucionales“con mayúsculas”.

Por lo que más que un nuevo conjunto de estándares, los Objetivos Globales podrían ofrecer un marco para que más capitalistas de riesgo e inversores de impacto se involucren en mercados emergentes.

Más que centrarse en los riesgos de caída, los objetivos se alinean con una orientación más eficaz de los inversores hacía los mercados emergentes y retos globales medioambientales. Para solucionar problemas, la gente necesita más inversiones, no menos. La clave está en el apoyo a sectores y empresas que prosperarán al ayudar a la gente en un entorno cada vez más inestable.

Contextos normativos claros y consistentes son importantes para los inversores. Los objetivos indican un amplio consenso entre los países emergentes, que a cambio ofrecen más estabilidad a las decisiones políticas y entornos favorables.

En esta línea, los inversores pueden involucrar a los gobiernos comprometidos con el cumplimiento de los Objetivos Globales en un contexto interno. Ello creará esperanza para que algunas de las cuestiones más difíciles de la financiación al desarrollo puedan finalmente obtener respuesta. Otra cuestión no menos importante es cómo catalizar un mercado para dirigir el capital privado hacia comunidades rurales y el sector de la pequeña empresa, lo cual  resulta crucial para la creación de empleo y poder escapar de la pobreza extrema.

Los Objetivos Globales ofrecen efectivamente una ventana a tiempo para que los inversores “creadores de mercados” se comprometan con la resolución de problemas serios y la innovación. Es arriesgado, pero si funciona puede traer un beneficio socio-económico masivo.

Hasta que nuevos mercados de inversiones sostenibles se instauren en todos los países en desarrollo, no tiene mucho sentido pedir a gestores de activos que informen sobre los Objetivos Globales. Sus responsabilidades son hacia quienes ya cuentan con recursos, y no hacia quienes más los necesitan.

Este artículo ha sido publicado igualmente en la web del World Economic Forum

[i] Director fundador del Institute for Leadership and Sustainability. Prof. Jem Bendell es un joven líder global, director non ejecutivo de Trimantium Capital y co-fundador del MBA en Finanzas y Sostenibilidad de la Universidad de Cumbria y de la Universidad Robert Kennedy.

 

 

 

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