El uso de los datos representa uno de los mayores avances tecnológicos de los últimos años. Bien orientado puede llegar a tener un impacto importante en términos de desarrollo.

Autor: Mélanie Romat

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En los últimos años se ha  estado hablando cada vez más del “fenómeno” Big Data. Con razón, ya que las prácticas desarrolladas en este ámbito han hecho posible importantes aplicaciones en poco tiempo, en muy variados ámbitos.

El Big Data se puede definir como el almacenamiento de grandes cantidades de datos con objeto de encontrar, gracias a su estudio, patrones que se repitan y así poder establecer modelos predictivos. Todas las actividades derivadas de la recogida, lectura, análisis, tratamiento de estos datos pertenecen al sector de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). A lo largo de los últimos años, la producción y capacidad de almacenamiento de datos ha ido creciendo, con el uso exponencial de Internet y de dispositivos móviles. Así, desde los años ochenta la capacidad de almacenamiento de datos dobla cada cuarenta meses. Hoy en día producimos 2.500 terabytes al día (1 terabyte equivale a más de 1 billón de bytes), y el 90% de los datos disponibles en el mundo ahora han sido generados en los dos últimos años. Los datos producidos provienen de diferentes fuentes, entre ellas podemos mencionar los sensores, las redes sociales, las transacciones financiarías, la geolocalización de móviles….

En este contexto, los datos constituyen una autentica mina de oro para el sector privado, ya que gracias a ellos se puede tener acceso a información muy valiosa en cuanto a comportamiento de usuarios y tendencias de mercado.

Pero los datos pueden ser también de gran utilidad para el sector público visto que su uso puede estar orientado a la resolución de problemas y a la consecución de objetivos de desarrollo.

En esta línea, ha sido creada por las Naciones Unidas en el 2009 la iniciativa Global Pulse, con objetivo de potenciar las innovaciones en el sector del Big Data para ayudar las autoridades a entender en tiempo real cómo las crisis que atravesamos pueden afectar a las poblaciones más vulnerables. Global Pulse se apoya principalmente en una red de laboratorios de innovación ubicados en diferentes regiones del mundo, cuya investigación pretende dar apoyo al desarrollo internacional, proteger las poblaciones más vulnerables y mejorar nuestra capacidad de adaptación frente a los cambios globales. Con esta perspectiva, Global Pulse ha impulsado y desarrollado numerosos proyectos para monitorear situaciones de crisis y buscar soluciones.

Global Pulse ha impulsado y desarrollado numerosos proyectos para monitorear situaciones de crisis y buscar soluciones.

Uno de ellos es el proyecto implementado en Méjico, por iniciativa de la organización Fundar, quién ha desarrollado una base de datos online de las ayudas adjudicadas por el gobierno en el sector de la agricultura. Gracias al análisis de estos datos, se ha podido identificar un problema importante: la mala repartición de las ayudas, cuyo 50% acaba en manos de un 10% de beneficiarios. Con la detección de este problema, el gobierno ha podido ajustar sus procedimientos, llevando a una mejor distribución de los fondos.

Otro ejemplo, el proyecto Rapid FTR (Rapid Family Tracing and Reunification) impulsado en colaboración con UNICEF. Se trata de una aplicación móvil open source que permite recopilar datos sobre niños separados de su familia debido a una situación de crisis o catástrofe natural. La aplicación tiene un alto nivel de privacidad (parecido al de los bancos) y mediante una rápida puesta a disposición de la información, permite llevar a cabo procesos de reunificación familiar en un tiempo record (algunas horas en lugar de seis semanas de media habitualmente).

Tercer caso interesante del uso de datos para el desarrollo: un proyecto llevado a cabo en Uganda, basado en la medición de los techos para sacar información acerca del nivel de pobreza de la población. Concretamente, gracias al análisis de imágenes satélites se puede identificar los tipos de techo y materiales usados para las viviendas, y vincularlos al nivel de vida de sus habitantes. El uso de paja tiene más probabilidades de generar enfermedades y supone unos gastos de mantenimiento, mientras materiales como el metal o las tejas resultan mucho más seguros, pero su alto precio no permite que todas las familias tengan acceso a ellos. Por tanto, el estudio del uso de las tipologías de techos permite obtener datos sobre los ingresos medios de las familias y el nivel de pobreza del país. Su recopilación y análisis permite completar estudios, estadísticas y encuestas para sacar conclusiones más detalladas sobre la situación del país y establecer objetivos de desarrollo.

Estos tres ejemplos arrojan luz sobre la utilidad de los datos y los numerosos usos que se pueden hacer de ellos para alcanzar un mayor desarrollo, así como reducir el impacto de las situaciones de crisis y desastres naturales.

Esta disciplina se encuentra aún en fase incipiente y queda mucho por hacer, lo importante es que el sector público la reconozca y la tenga cada vez más en cuenta a la hora de definir sus estrategias y de tomar decisiones.

 

Para más información, consulte los informes publicados por Global Pulse (en Inglés):

Big Data for Development

A world that counts

 

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