La propuesta se ha desarrollado con la ayuda del Programa de Apoyo para la Conservación Sostenible de la Biodiversidad (PACSBio), financiado por la Unión Europea.

Autor: Andrés Visinoni

Beni-Bolivia

La creación de un área protegida (AP) es un trabajo complejo, que involucra autoridades locales y nacionales, comunidades y pueblos, organizaciones de apoyo financiero y temático. En el presente artículo se repasa el proceso que ha posibilitado el establecimiento de una nueva área protegida en Bolivia.

Desde hace varios años un extenso espacio de humedales, en el centro de las sabanas de inundación del Beni[1], un departamento amazónico en el norte de Bolivia, había sido identificado como un sector susceptible de ser trasformado en un territorio protegido.

Desde 2012, el programa PACSBio [2] ha facilitado un apoyo técnico y financiero a las autoridades nacionales, regionales, locales y comunitarias para dar cuerpo a esta propuesta, definiendo límites, objetos de conservación, categoría de protección y acompañando un proceso de búsqueda de consenso con los grupos humanos y los sectores  sociales presentes en el área.

Esto ha requerido un notable esfuerzo de concertación, con la realización de numerosos encuentros, organización de talleres y consultas con las autoridades y poblaciones locales y otros actores.

En este marco, la participación de las comunidades locales indígenas ha sido uno de los puntos de principal fuerza de la propuesta de creación del área protegida. Desde el primer momento, además de las autoridades locales, las poblaciones han sido directamente involucradas en el proceso de toma de decisiones de cara a la institución del AP. Se ha contribuido en apoyar la organización de diversos espacios de encuentro y debate con comunidades a veces muy remotas, alcanzables solamente durante un corto periodo de la estación seca. Lo que ha surgido en estas etapas de concertación ha sido una fuerte voluntad de las comunidades de valorizar su espacio territorial. El área protegida se transforma de esta manera en una oportunidad, en una perspectiva de paulatina salida del aislamiento, en la posibilidad de diversificar las actividades y los ingresos de los pueblos.

En ningún momento la propuesta de institución del área protegida ha entrado en conflictos con el uso del territorio o se ha identificado como un vínculo que podría limitar el acceso a los recursos. Se ha entendido la conformación del área protegida más bien como algo que podría permitir tener espacios de capacitación para un uso sostenible de los recursos naturales y atraer el interés nacional.

En ningún momento la propuesta de creación del área protegida ha entrado en conflictos con el uso del territorio.

Desde la mitad de los años ’90 en Bolivia está vigente el concepto de que las áreas protegidas se hacen, y se manejan, con y para las comunidades locales, no en contra o en conflicto con ellas. Esto significa, también, algo tal vez no fácilmente entendible en otros contextos culturales: la extracción de recursos por parte de las poblaciones locales no es limitada sino, podríamos decir, racionalizada, optimizada, intentando crear formas distintas respecto al uso de la biodiversidad y del patrimonio natural. Por ejemplo a través del desarrollo turístico o intentando abrir mercados para productos forestales no maderables de certificación verde y de procedencia.

Con estos procesos de completa participación de las comunidades en la toma de decisiones,  en el respeto de los contextos culturales locales, los pobladores asumen como propia la identificación con el área protegida valorada también como una oportunidad en su desarrollo. Aunque no siempre esto sucede (en algunos casos problemas de carácter político, intereses de grupos humanos o entidades externas al AP o sencillamente la falta de recursos e inversiones para concertar propuestas de desarrollo sostenible, dejan las AP aisladas y vulnerables) representa una importante perspectiva para la consolidación de las áreas protegidas en los espacios naturales de países donde la competencia por la posesión de la tierra, la expansión de la frontera agrícola, la presión demográfica, la creación de nuevas infraestructuras o sencillamente la explotación de los recursos naturales ponen en serio peligro la conservación de la biodiversidad, de los patrimonios culturales y ambientales y las perspectivas de un desarrollo incluyente y sostenible.

La administración municipal de Exaltación, en la provincia Yacuma del departamento del Beni, bajo cuya jurisdicción están  la totalidad de los más de 800mil has del área (el tamaño de Córcega), ha recogido esta petición y ha emitido el 20 de noviembre de 2015 la Ley municipal que crea el Área Protegida Municipal (APM), Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) “Grandes Lagos Tectónicos de Exaltación”.

En cuanto a sus características, el APM abarca los lagos amazónicos naturales más extensos de la entera cuenca hidrográfica. Estos espacios, declarado sitio RAMSAR [3] en 2013, conservan en su interior tres ecoregiones principales: la sabana de inundación, el cerrado (una sabana no inundable exclusiva de Bolivia y Brasil) y bosques y palmares ribereños y de islab [4].

plano-apm_lagos-rogaguado_1

Aun poco estudiada, las primeras investigaciones han evidenciado que la sabana beniana es uno de los núcleos de origen más importante de la cuenca amazónica y global, por diversidad de parientes silvestres de plantas cultivadas.

Es importante resaltar que la región cuenta con presencia humana organizada desde la época prehispánica y precristiana. Los llanos de Moxos y Baures, como es denominada localmente esta sabana, fueron el centro de la cultura hidráulica más extensa del continente americano, ocupando una extensión de más de 200mil km2. Las importantes obras hidráulicas, que encuentran en el espacio del área protegida una de su mayores concentraciones, permitían el aprovechamiento de los recursos terrestres (agricultura, cría de pequeños animales y caza) así como acuáticos (pesca y recolección de moluscos para alimentos y de plantas acuáticas como fertilizantes [5]).

Actualmente se está trabajando con las autoridades locales en el proceso de consolidación y primer plan de gestión del área, quizás el aspecto más complejo y delicado en esta fase de creación. Asegurar que el área se consolide más allá de una declaratoria en papel, y se materialice el potencial de oportunidad para los pueblos como lugar de usos sostenibles de los recursos naturales tal como se concertó con los actores, es un desafío importante en el corto y mediano plazo.

Para esto se está acordando con el gobierno departamental del Beni asegurar fondos públicos estables para el área y se está explorando la posibilidad de involucrar la cooperación de otros países para apoyar algunas propuestas de desarrollo sostenible, como las orientadas hacia el impulso de actividades turísticas.

 

[1] El departamento del Beni es el segundo por tamaño en Bolivia, con una extensión de 213.000 km2 y una población total de cerca de medio millón de habitantes.

[2] Asistencia Técnica Internacional dentro del Programa de Apoyo a La Conservación Sostenible De La Biodiversidad (Pacsbio) implementada por el consorcio liderado por Eptisa

[3] Convención internacional para la conservación de humedales, con la adhesión de Bolivia desde 1990 ratificada por ley en 2002.

[4] Sobre la vida silvestre, se puede mencionar la presencia de 3 sobresalientes especies endémicas de Bolivia: Inia boliviensis (bufeo o delfín de rio), Eunectes beniensis (sicurí o anaconda beniana), Ara glaucogularis (Paraba  barba azul), unos de los guacamayos más amenazados de la Tierra -150 ejemplares en estado silvestre

[5] El locamente conocido como tarope (Eichhornia spp.), una macrofita fitoremediadora utilizada en todo el mundo justamente por esta función, otorgaba materia orgánica fértil en un área con suelos arcillosos impermeables.

Leave a Reply