El pensamiento de Bauman y la economía sostenible

 

semillas jardinero

Autor: Fernando Varela de Ugarte

El lunes falleció  Zygmunt Bauman, uno de los pensadores más clarividentes de la sociedad contemporánea. Especialmente conocido por su “modernidad líquida”, Bauman retrató brillantemente a la sociedad consumista que denomina así, líquida, sin forma, donde predomina la artificialidad, la volatilidad y el relativismo, donde todo cambia rápidamente y nada permanece, generando mucha incertidumbre y ansiedad.

En su análisis, Bauman divide los seres humanos en dos categorías: los jardineros (que buscan la armonía y la belleza, y piensan que no puede haber orden en el mundo si no se existe un esfuerzo continuado por cuidarlo) y los cazadores (que se mueven bien en el ámbito de la competencia feroz, despreocupados por las consecuencias colaterales de sus decisiones, maximizando el propio interés por encima de cualquier consideración).

Según Bauman, nos encontramos en un momento histórico donde predominan los cazadores. Es más, considera que unos en mayor grado y otros en menos, todos nos hemos vuelto un poco cazadores. Y, además, estamos envueltos en una cultura que promueve esta actitud.

Pero Bauman tiene un mensaje positivo, ya que sigue creyendo en el hombre: “mientras haya humanos en el planeta, habrá esperanza”. Cree sobre todo en el cambio desde abajo, desde lo local. Su constatación del distanciamiento de la ciudadanía de la clase política le hace apostar con más esperanza por las iniciativas locales.

Y efectivamente, existe una demanda por una nueva economía y hay muchas iniciativas de cambio que es necesario apoyar como la economía circular, la economía del Bien Común, la economía social y otras. Hasta la propia Unión Europea las ha reconocido como aportaciones de interés auspiciando acciones para su promoción.

Este movimiento es irrefrenable. La aceleración del cambio en lo tecnológico y su impacto en la economía tiene su contrapartida en la acción de los movimientos sociales que abogan por orientar en mayor medida los efectos en favor de las personas.

Pero para que los cambios sean más profundos se requiere que toda la sociedad participe. El sector público tiene un rol importantísimo como facilitador de cambios estableciendo o promoviendo reglamentaciones más apropiadas. Existe un amplio abanico de posibilidades a base de primas o sanciones que no se está utilizando.

El sector público tiene un rol importantísimo como facilitador de cambios estableciendo o promoviendo reglamentaciones más apropiadas.

Esto es clave. No es razonable que las empresas que hacen un esfuerzo por aportar mayor valor social y medioambiental no se vean favorecidas. O bien, al contrario, que las empresas más agresivas o depredadoras sean las que obtienen mejores resultados porque no internalizan ningún coste social o medioambiental. Y se trata de costes que al final acabamos pagando todos.

El mercado debe primar aquellas empresas que contribuyen en mayor medida al bien general. Para ello, hay que poder medir el valor, no sólo económico, sino también socio-ambiental de las empresas. Al principio, primando a aquellas que lo hacen voluntariamente, pero más adelante, estableciendo criterios claros, homogéneos y auditables. Y también se deberían propiciar sistemas de información en los productos para posibilitar el poder de compra del consumidor.
Pero el sector público puede ir más allá. Se necesitan inversiones y una fiscalidad inteligente que promocione una economía sostenible y más inclusiva. Se puede favorecer a la economía social, a la inversión socialmente responsable, introducir cláusulas sociales y medioambientales en la contratación pública y en los tratados comerciales, promover la innovación socio-ambiental, etc.

La economía sostenible es un ámbito de oportunidad para la clase política y para el sector público con capacidad para contribuir a reducir el distanciamiento con la ciudadanía siendo más sensibles a sus demandas.

“Toda persona que mencione que no hay alternativa es sospechosa de no querer cambiar las cosas”, dice Bauman. Ahora nos toca a cada uno decidir si nos va el estilo del jardinero o seguiremos siendo cazadores.

Extraído del artículo “La era de los jardineros” publicado en el Huffington Post

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